Raíces y Alas

Que las alas arraiguen y las raíces vuelen

 Todos tenemos raíces y todos podemos tener alas. De esta manera, cada persona vive y crece. Es el regalo que el Creador ha puesto en el corazón.

 

 Tal vez por eso, en los países orientales al ser humano lo comparan con un árbol. Y también por esto, los relatos milenarios cuentan que “estamos hechos para volar”.

Sin embargo, en el cuerpo humano no vemos ni raíces, ni alas. En la naturaleza, sí.

Las raíces de los árboles las descubrimos al sembrar en el jardín rosales o al arrancar de la tierra los árboles secos. Las raíces del pino o de las azucenas se hunden en la tierra buscando la humedad y las sustancias que nutren al tallo y al tronco; de él más tarde saldrán las ramas, las hojas y los frutos.

Los jardineros cuidan estas plantaciones con esmero.

 

 

El Colegio Diocesano Santa Cruz es un centro cristiano católico, y tiene como misión fundamental la educación integral de niños y adolescentes según el humanismo cristiano que se alimenta del Evangelio de Jesucristo.

 

Desde pastoral, ofrecemos a nuestros alumnos todos los medios necesarios para que estos crezcan en la fe, en la espiritualidad y práctica cristiana. Nuestro proyecto pretende ser guía y modelo de reflexión, e implica los principios, valores y actitudes cristianas que son las señas de identidad de nuestro colegio.

La pastoral ocupa un lugar central en la vida y organización del centro, siendo nuestra misión, acompañar a todos los alumnos en su crecimiento personal y de fe.

Para ello contamos con un equipo formado por profesores de todas las etapas educativas y D. Jerónimo, sacerdote de nuestro colegio y parroquia del Santísimo Sacramento.

Este equipo se encarga de la organización de las acciones pastorales que se llevan a cabo a lo largo de todo el curso escolar, coordinando su actuación con el resto de profesores e informando a toda la comunidad escolar de los mismos.

Tratamos de transmitir y vivir los valores que San Marciano José mostró a lo largo de su vida, todo ello encaminado a aprender a seguir a Jesucristo como jóvenes comprometidos. Que su valentía y entrega de su propia vida, sean referente diario para todos nosotros.

 

En cada persona ocurre algo parecido. En el interior se forman las raíces, se engendran y producen los nutrientes del alma: las virtudes, los valores y las cualidades que le dan vida. Ahí dentro se, se cultiva y fecunda, por ejemplo el amor, la alegría, el esfuerzo, el respeto, la fe, la solidaridad y otros muchos gérmenes de vida. Son los frutos que irán madurando. Por eso, es necesario hacer como en las plantas: abonar la tierra, podar las ramas, proteger la plantación, mimar su desarrollo para que los frutos vayan saliendo.

 

¿Y las alas? Las vemos en miles de aves que sobrevuelan nuestras calles. Ningún ave vuela cuando nace; y cuando un pajarillo se cae del nido es incapaz de levantar el vuelo y necesita que lo recojan y lo pongan de nuevo en su refugio.

 

Las personas nos parecemos mucho a los pajarillos. De pequeños no somos capaces de hacer nada. En los primeros años de colegio, tampoco mucho; pero mes a mes, vamos avanzando y aprendiendo. ¡Hay que ver qué diferencia se nota entre los colegiales pequeñines y los mayores que terminan! ¿Por qué? Porque han fortalecido sus alas y curso a curso han ido aprendiendo a volar.

 

Alimentándose desde las raíces del esfuerzo, de la confianza y de la fe; con la ayuda de los jardineros que les van cuidando, ya no se quedan en el suelo. Corren, vuelan por todos los espacios.

Son las raíces las que hacen el milagro de las alas. Son las alas las que dan valor a las raíces. Igual que los árboles y las aves, todas las personas, necesitamos raíces que nos alimenten para desarrollar y fortalecer alas con las que volar por todos los cielos del mundo y hacia las alturas de Dios.

 

Que las alas arraiguen y las raíces vuelen” decía el poeta Juan Ramón Jiménez. Es el lema y deseo para el curso.